Convento de Santa Inés

El Monasterio de Santa Inés se encuentra situado en el centro del casco histórico de la ciudad de Sevilla, entre las calles Doña María Coronel y Sor Ángela de la Cruz, lindero con la Iglesia parroquial de San Pedro y cercana a las Iglesias parroquiales de San Juan de la Palma y a otros conventos como el desaparecido de la Encarnación y el del Espíritu Santo.
Su construcción e llevó a cabo durante el último tercio del siglo XIV y a lo largo del siglo XV a través de una serie de etapas, cada una de las cuales cuenta con peculiaridades propias. El monasterio posee todas las dependencias que suelen poseer este tipo de instituciones, iglesia, torno, compás, claustros, capilla de profundis, refectorio, enfermería, lavandería, cocinas, biblioteca, archivo, etc.

La fundación del convento se hizo en la casa palacio familiar de Doña María Coronel, que durante dos años fue sometida a obras de adecuación para transformar este espacio doméstico en conventual, añadiendo iglesia, campanario y cementerio. Con posterioridad serían añadidas a la edificación otras casas y espacios anexos.

El inmueble no se proyecta al exterior, pese a la gran superficie urbana que abarca, y la división de volúmenes en altura con la que cuenta, desde la fábrica de la iglesia a la espadaña, desplegándose su complejidad en el interior. La entrada se efectúa a través de dos ingresos independientes que se abre cada uno a un compás, en los laterales de la iglesia. En el izquierdo se encuentran entre otros espacios el torno, los locutorios, las viviendas del sacristán y portero y la puerta reglar. El otro compás permite acceder a la iglesia por otra puerta, opuesta a la anterior, así como a las sacristías de afuera.

Hay que resaltar que la iglesia, al igual que ocurre en otros monasterios medievales sevillanos, queda alojada en el interior del convento, sin fachada en contacto con la calle. Se orienta canónicamente en sentido este-oeste, con planta basilical de tres naves (inusual en casi todos los conventos) con tres tramos divididos por pilares cruciformes, cabecera poligonal y coros bajo y alto a los pies de la iglesia, prolongando exclusivamente la nave central. Se cubre con bóvedas de plementería de fábrica de ladrillo con nevarduras ojivales de cantería con nervio espinazo.

El templo es de fábrica gótico-mudéjar, reformado en el siglo XVII por Francisco de Herrera el Viejo, época en la que se decoró el interior con yeserías, se ejecutaron las pinturas del coro y se labró la portada principal barroca, adintelada y flanqueada por pilastras rematadas por frontón y hornacina.

Una de las portadas de la iglesia, la de la nave de la Epístola, se abre frente a una pequeña logia próxima a la puerta reglar. La otra entrada al templo, desde el compás principal, se produce por una magnífica portada manierista de cantería. Se estructura en torno a un vano rectangular moldurado con orejeras y flanqueado por pilastras cajeadas con capiteles a modo de ménsulas escamadas; sobre éstas se asienta un entablamento con cornisa decorada con dentículos, sobre la que se sustenta un frontón triangular partido en cuyos extremos se sitúan remates piramidales muy esbeltos. En su interior se inscribe otro frontón curvo partido, de cuyo centro emerge el segundo cuerpo formado por un marco en el que se inserta el relieve del Cordero Pascual, rematándose el conjunto por un frontón curvo coronado por remate.

Anejas a la zona posterior de la cabecera de la iglesia se encuentran la sacristía de afuera, ámbito del siglo XVI a juzgar por su excelente artesonado de casetones, en contacto con el compás de la iglesia, y la vivienda del sacristán, de construcción contemporánea, y que se abre al compás conventual.

La clausura se organiza en tomo a diversos espacios libres, patios y claustros: al norte el patio del noviciado y las huertas, al este los dos compases, del convento y de la iglesia, al sur los patios del obrador y la Camarilla, y al oeste el claustro principal o del Herbolario.

El noviciado utiliza en parte lo que fue una casa mudéjar y se distribuye alrededor de un pequeño patio. Sus estancias, muy reformadas, se abrían a la antigua huerta. Del noviciado alto parte un pasadizo que atraviesa como un puente cerrado la nave de dormitorios y comunica a nivel de entreplanta con el claustro principal.

Al patio del obrador se accede cruzada la logia que encontramos en el compás conventual, se trata de un patio de pequeñas dimensiones uno de cuyos lados es parte de la medianera sur del convento. Presenta doble arcada en dos de sus frentes y en él se ubican las dependencias dedicadas a la elaboración de los famosos dulces conventuales: almacenes, cocina, obrador, horno, etc.

El claustro de la Camarilla, también medianero al sur, es de mayores proporciones, formado en todos sus frentes con doble galería, de arcos peraltados y escarzanos enmarcados por alfices, sobre columnas renacentistas de mármol. Cuenta con interesantes yeserías y pinturas murales de diversas épocas. En torno a él se distribuyen abajo la enfermería, la cocina y la sala de ordenación y arriba la mayoría de celdas-dormitorio.

La sala de ordenación se utiliza también como sala capitular, es de planta cuadrada, presenta banco corrido, cubierto de azulejos de cuenca del siglo XVI, y comunica el claustro de la Camarilla con el principal.

El claustro principal o del Herbolario, obra del siglo XVI, tiene forma trapezoidal y se compone de cuatro galerías con arcos peraltados abajo y escarzanos arriba, soportados por columnas de mármol con capiteles de castañuelas. Del mismo material son los antepechos abalaustrados de ambas galerías y la bellísima portada que da acceso al jardín central. Se encuentra revestido con una destacada decoración a base de yeserías y pinturas murales.
Al mismo se abren estancias como el refectorio, el comienzo de la larga nave de los antiguos dormitorios o la sala de Profundis, junto a la cual, y sobre una de las galerías del claustro, se levanta una espadaña de raigambre mudéjar. Ésta se encuentra situada a los pies de la iglesia apoyada en un gran basamento, formada por dos cuerpos y tres vanos realizada, en ladrillo visto. El cuerpo bajo se configura mediante dos vanos de medio punto peraltados, desiguales en anchura, y en marcados por alfiz, cada uno con su correspondiente campana. En la base de los arcos se forman dos balconcillos curvos protegidos por barandas metálicas. Sobre las jambas y laterales se sitúan unos baquetones góticos con remate conopial. A ambos lados unos contrafuertes macizos rematados por cornisas inclinadas en sentido escalonado dan paso al segundo cuerpo, que está formado por un vano de medio punto peraltado de medianas proporciones enmarcado por alfiz, a ambos lados repite el escalonamiento de cornisas inclinadas. El conjunto se remata por un pilar octogonal sobre el que se asienta un cupulín también octogonal y macizo, coronado por una cruz de forja. El conjunto fue reformado a finales del siglo XX por el arquitecto Rafael Manzano Martos.
Por último, el refectorio es de planta rectangular y se encuentra cubierto por un alfarje de madera y decorado sus muros por paños de azulejos.

 

Datos históricos

El Convento de Santa Inés fue fundado en 1374 por la aristócrata Doña María Coronel, que se había refugiado primero en la ermita de San Blas y después en el monasterio de Santa Clara (donde finalmente profesó con las clarisas franciscanas), huyendo del acoso del Rey D. Pedro I, que había incautado las posesiones de su familia y ordenado la prisión y muerte de su esposo. Tras la restitución de su patrimonio personal, tras el acceso de Enrique II al trono, esta sevillana fundó un nuevo monasterio de clarisas en las antiguas casas de su padre, el señor de Aguilar.

En 1376 se culminaron las obras del nuevo establecimiento. Al palacio de los Fernández Coronel se sumaron entonces las casas donadas por Juan Rodríguez Tello y la calleja de Zapateros, cedida por el cabildo sevillano. Cuarenta mujeres ingresaron en el convento en el momento de su fundación.

En los años setenta fue restaurado por el arquitecto Rafael Manzano Martos y también elaboró un proyecto de restauración el arquitecto Alberto Humanes Bustamante.

Posteriormente Fernando Villanueva Sandino, fue designado por la Consejería de Cultura arquitecto conservador del monumento.

La Consejería de Cultura restauró el convento, llegando a un acuerdo con la comunidad clarisa para adaptar y emplear temporalmente para usos culturales el ala de los antiguos dormitorios. En el marco de la misma iniciativa se concretó también su utilización como una de las sedes del Pabellón del Ayuntamiento de Sevilla en la Exposición Universal de 1992.

En el obrador las monjas elaboran sus afamados dulces: bollitos de Santa Inés cuya receta fue legada por la propia fundadora y otros dulces tradicionales como tortas de aceite, tortas de polvorón, sultanas, magdalenas, cortadillos y los navideños mantecados y roscos de vino…

Contacto Convento de Santa Inés:

Calle Doña María Coronel, 5. 41003. Sevilla

 

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Fuente: Instituto Andaluz de Patrimonio Historico

Calle Doña María Coronel, 5. Sevilla

Imagen de Fachada del Convento a Calle Doña María Coronel

Fotografía: Antonio Sánchez Carrasco
Sala de Profundis, con crucificado obra de Francisco de Ocampo del año 1.630

Imagen del Compás del Convento

Imagen del torno